A los pies del océano, un cuerpo zapatea y escobilla la húmeda arena, al ritmo de una cueca que anticipa la nostalgia de un retorno al exilio y de la distancia insoportable del mar que confirma ese adiós. Desde muy temprano, el artista Enrique Ramírez entendió que el mundo no se comprendía de cerca: era preciso desplazarse para observarlo. La curiosidad constante por moverse y tomar distancia entretejió una sensibilidad que ya en su infancia proyectaba el viaje como una forma de lectura y acción central en su vida. Esa pulsión por zarpar, por observar desde otro lugar, lo llevó a Europa por primera vez a mediados de 2006. Desde entonces, su obra se desarrolla entre lenguas, territorios y mareas, en un ir y venir permanente.
Mi amigo chileno exhibe por primera vez parte del archivo audiovisual del artista. Realizada en colaboración con el Museo Nacional de Bellas Artes, con motivo de Te creo paisaje, su mayor exposición en Chile, curada por Jacopo Crivelli Visconti, esta muestra propone un contrapunto desde la Sala de Archivos de Il Posto. Las entrevistas realizadas por el artista entre 2014 y 2023 reúnen las voces de quienes acogieron a los exiliados chilenos en Francia y de jueces que investigaron los crímenes de lesa humanidad ocultados en el mar. El océano cruza ambos relatos.








